COSAS QUE IMPORTAN MUCHO MENOS DE LO QUE CREES EL DÍA DE TU BODA.

Organizar una boda exclusiva es, a todos los efectos, un trabajo a tiempo completo. Meses eligiendo proveedores de primer nivel, cuadrando el seating plan, buscando la luz perfecta para el banquete y asegurándote de que cada pequeño detalle encaja en ese moodboard que llevas construyendo durante más de un año. Es humano y completamente normal querer que todo salga absolutamente perfecto.

Pero ha llegado el momento de decir una verdad incómoda: la perfección milimétrica está sobrevalorada.

Como fotógrafo de bodas especializado en estilo documental y editorial, llevo años detrás del objetivo capturando celebraciones en fincas exclusivas por toda Asturias y el resto de España. Y si la experiencia me ha enseñado algo, es esto: la magia de un reportaje fotográfico nunca ocurre cuando todo sigue el guion de forma robótica. La verdadera magia ocurre en los márgenes, en lo imprevisto y en la naturalidad.

Si te casas dentro de poco, hazme un favor. Respira hondo, suelta un poco el control y grábate a fuego estas 7 cosas que importan mucho menos de lo que crees el día de tu boda:

 

1. El “look” de princesa impoluta al final de la noche.

El estilo impecable, sin una sola arruga y con la caída de la tela perfectamente calculada, solo funciona en los maniquíes de los ateliers de alta costura. Tu vestido es una obra de arte, sí, pero está diseñado para vivirlo.

Si llegas a la barra libre con el bajo del vestido blanco y perfecto, significa una cosa muy triste: no has vivido tu propia fiesta. Te has quedado sentada en una silla por miedo a mancharte o a que se estropee el encaje. El roce, el polvo en el bajo, el peinado ligeramente deshecho por el viento y el maquillaje natural son las medallas de una novia que se lo ha bailado todo. En fotografía editorial de bodas, buscamos precisamente ese movimiento y esa actitud desenfadada. Es lo que hace que una foto pase de ser "bonita" a ser icónica.

 

2. Saludar a los 300 invitados por protocolo.

Siento ser yo quien te lo diga: no eres la Relaciones Públicas de tu propio evento. La angustia de tener que pasar por todas y cada una de las mesas durante el banquete, cortando tu cena, tu tiempo con tu pareja y tu diversión para hacer un "besamanos" interminable, es un error logístico enorme.

Quien te quiere y quiera felicitarte, ya se acercará a abrazarte en el cóctel o a darlo todo contigo en la pista de baile. Eres la protagonista indiscutible de este día, no la azafata del evento. Las mejores fotos de abrazos y lágrimas de alegría que entrego a mis parejas nunca ocurren forzando un saludo mesa por mesa; ocurren de forma espontánea cuando la novia simplemente se deja llevar.

 

3. Los pequeños errores de protocolo y timming

¿El niño de las arras se ha equivocado de pasillo y ha salido corriendo hacia el lado contrario? ¿Ha sonado la canción incorrecta durante 10 segundos en la entrada al salón? ¿La tarta ha tardado cinco minutos más de lo previsto?

Un error en el protocolo es, simplemente, una anécdota brillante para contarles a tus nietos dentro de treinta años. Sin embargo, una novia histérica y estresada por un fallo logístico invisible es un trauma para el novio (y arruina la energía de la boda). Relájate. Nadie, absolutamente ninguno de tus invitados, tiene la escaleta del evento en la mano. Nadie sabe cómo debía ser el guion original salvo tú y tu wedding planner. Sonríe y sigue adelante, la espontaneidad siempre juega a tu favor.

Coincidir con grandes profesionales como Martín Berasategui me recuerda que la excelencia se nota en cada plato y en cada foto.

 

4. Que a tu suegra (o a tu tía) no le guste el centro de mesa.

O que alguien opine que la vajilla elegida es demasiado moderna, o que las velas cilíndricas no encajan con la mantelería. Cuidado con esto: no has organizado un congreso internacional de interiorismo para ser evaluada por un tribunal de expertos en protocolo.

Por supuesto que la estética importa —es la base de las bodas de lujo y de mi estilo fotográfico—, pero quien te quiere de verdad no viene a tu boda a juzgar la comida, la altura de los candelabros o el grosor de las invitaciones. Vienen a verte feliz. Punto final. Si a alguien no le convence el color de las hortensias, es su problema, no el tuyo.

 

5. La elegancia (cuando empieza a doler)

Hay una frase en el mundo de la moda que dice que "el dolor no es elegante". Y en las bodas, aguantar un dolor de pies insoportable durante horas solo por mantener la pose con unos tacones de infarto, es, francamente, un boicot a tu propia felicidad.

Cuando te duelan los pies, tira esos zapatos de diseño y pisa fuerte. Una novia descalza, con alpargatas o con unas buenas zapatillas modernas, es una novia peligrosa en la pista de baile. Esa energía arrolladora es la que busco con mi cámara. No hay nada menos fotogénico que una pareja sentada en un sofá porque no soportan el dolor de pies.

 

6. La guarnición del menú a las 3 de la mañana.

A la hora de organizar el banquete, nos volvemos locos eligiendo menús dignos de estrella Michelin, haciendo catas interminables y discutiendo sobre salsas. Que está muy bien, no me malinterpretes, la gastronomía es clave en una boda top.

Pero la cruda realidad es que a las 4 de la mañana, con la corbata en la cabeza, el maquillaje corrido de tanto reír y tres copas encima, una simple hamburguesa o un trozo de pizza en la recena sabe muchísimo mejor que la deconstrucción de bogavante del mediodía. Nadie va a recordar la guarnición del segundo plato dentro de cinco años. Lo que recordarán es la resaca de felicidad del día siguiente y lo épica que fue la fiesta.

 

7. Parecer feliz frente a la cámara.

Este es, sin duda, el consejo más importante que te puedo dar como fotógrafo profesional. El día de tu boda va a pasar en un absoluto y efímero suspiro. Es fugaz. Así que, por favor, no gastes ni un solo segundo de tu tiempo en parecer feliz para mí, para las cámaras o para los móviles de tus invitados.

No fuerces sonrisas, no poses de forma antinatural, no mires al objetivo buscando aprobación.

Tu único trabajo ese día es SER feliz. Exprime cada segundo, abraza fuerte a tus padres, besa a tu pareja como si no hubiera un mañana, llora si la emoción te supera y ríete a carcajadas hasta que te duela el estómago. Si tú te ocupas de sentirlo de verdad, te prometo que de atrapar esa felicidad —de forma elegante, artística y sin artificios— me ocupo yo.

 
 

Conclusión: La verdadera elegancia es disfrutar

Al final, mi consejo tras tantos años documentando bodas exclusivas es simple: sed fieles a lo que de verdad os hace felices.

Las bodas más espectaculares y con mejor resultado editorial que he fotografiado no son aquellas donde el protocolo se cumplió al milímetro, sino las que desprendían más personalidad. Aquellas donde los novios decidieron invertir su energía en vivir la fiesta, reír a carcajadas y disfrutar del momento, en lugar de estresarse intentando impresionar a los demás con una perfección irrea

Si estás en pleno proceso de organización y buscas un fotógrafo de bodas que entienda esta filosofía —que valore la autenticidad, la elegancia natural y la honestidad de las emociones por encima del posado rígido—, me encantaría conoceros.

Echa un vistazo a mi portfolio para ver cómo esta actitud se traduce en imágenes atemporales, o escríbeme y contadme qué es lo que realmente os importa de vuestro gran día (y qué protocolo estáis dispuestos a saltaros).

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SI ME CASARA MAÑANA: EN QUÉ INVERTIRÍA (y en que no) TRAS 15 AÑOS COMO FOTÓGRAFO DE BODAS.